Divulgación Científica

El lado pop de la ciencia: Despertar al científico que llevamos dentro

Desde la infancia, en la cabeza de cada persona hay un cúmulo de preguntas, ¿por qué?, ¿cómo, ¿cuándo? y ¿dónde? son las interrogantes favoritas que utilizan los niños para incomodar a los adultos. Desde pequeños quieren conocer el mundo que les rodea, pero a medida que pasan los años esa curiosidad decrece o se desvanece por completo.

Para promover y aumentar ese interés, Gabriel León, Bioquímico, doctor en Biología celular y molecular, comunicador de la ciencia, ha trabajado fuertemente desde el 2015 en un camino que busca acercar la ciencia a la comunidad.

Apto para todo público y cambios inteligentes

Con sus libros “La Ciencia Pop” 1 y 2, Gabriel León logró despertar el interés de un público transversal, sacudiendo en las personas esa capacidad de cuestionarse, de dudar y de querer indagar más, lo que ayuda enormemente a generar un diálogo social informado y con bases que permiten una toma de decisiones correcta e inteligentes.

“En principio con los libros no tenía idea qué esperar”, nos comenta Gabriel, “afortunadamente les ha ido súper bien tanto en Chile como en España. Espero que salga también a la venta en otros mercados”.

Para Gabriel León la buena acogida del público con sus libros ha sido una grata sorpresa.   “Estoy evidentemente muy contento y probablemente se deba a que en Chile estos libros han abierto un espacio que hacen que estos productos sean cada vez más comunes para la gente. Que no sean una rareza, por lo que se ha armado un público que los espera año a año, entonces creo que ha sido muy agradable y espero que en un futuro se mantenga”.

Gabriel, desde joven, le ha atraído la escritura, pues es un ejercicio que le ha permitido soltar la mano al momento de contar y acercar. “El blog fue parte de eso, porque ahí ya tenía un público que leía las historias y que si las entradas eran fomes no las iban a seguir leyendo, si eran enredadas tampoco, y yo diría que esta especie de habilidad innata que tenía por contar buenas historias y el ejercicio intensivo de escribir el Efecto Rayleigh, durante cuatro o cinco años, fueron súper importantes para después escribir el libro”.

En el caso de la edición de Ciencia Pop contó con un editor, quien jugó un rol importante en el proceso de escritura. Eso le dio la confianza que estaba desarrollando un buen trabajo, pues “no todos tienen la habilidad para contar buenas historias, creo que los científicos ganarían mucho si aprenden a relatar sucesos”.

“Que los científicos sepan comunicar”, nos explica Gabriel, “es importante, siempre y cuando ese científico tenga ganas de hacer comunicación científica. A que voy con esto, creo que exigirles a los científicos que hagan comunicación, es bien complejo, no sólo por la gran cantidad de tareas que ya tienen, también porque si no se realiza bien, podría generar un efecto contrario al que se busca”.

La narrativa, comenta el científico juega un rol central en la divulgación. El saber contar una historia para acercar el conocimiento es central, la retroalimentación en esa línea vino de los comentarios de su blog, radio y podcast la Ciencia Pop en la ruta de contar con un relato que atrape al auditor.

Ciencia para grandes y chicos

 “Transmitir la emoción del descubrimiento es una sensación asombrosa, encontrar una respuesta nueva un vértigo que nos permite estar parados frente a la frontera del conocimiento”, enfatiza Gabriel.

Esa emoción es la que busca transmitir en sus libros, llevando al mundo infantil un sinfín de conocimientos mediante títulos llamativos como ¿Qué son los mocos?, ¿Por qué los perros mueven la cola? y ¿Por qué me sigue la luna?.

Estas publicaciones, ilustradas para niños, están basadas en sus conversaciones con su hija. “Este proyecto surgió un día cuando mi hija tenía 8 años y me hizo una pregunta qué está en el libro y era la siguiente: ¿Por qué se le arrugaban los dedos cuando se bañaba? Yo no tenía idea, le prometí averiguarlo y contarle. Al día siguiente llegué al laboratorio y en vez de trabajar en lo pendiente me dediqué a buscar investigaciones científicas sobre dedos arrugados y había mucha información, ¡me convertí en un experto!” nos señala.

“Con todo lo investigado armé una respuesta, ella me quedó mirando y me dijo, tú deberías escribir un libro sobre estas cosas raras que le pasan al cuerpo, se dio media vuelta y se fue. Así comencé a tomar nota de las preguntas divertidas, curiosas y extrañas que me hacían los niños en las charlas que tuve la suerte de dar en todo Chile. La colección de preguntas estaba durmiendo en mi computador, cuando un día me llamaron de mi editorial para preguntarme si me interesaría escribir un libro de ciencia para niños. “Ya lo tengo” –fue mi respuesta– “es la historia de una niña muy curiosa y su papá científico que le ayuda a responderlas”. Así nació este proyecto, que además está bellamente ilustrado por Paula Balbontín”.

Ciencia como inversión, no un gasto

Sabemos que el presupuesto para Ciencia, Tecnología e Innovación en Chile es bastante bajo y aun así fue reducido para este 2021. A pesar de lo ocurrido por la pandemia, pareciera ser que nuestro país transita en el sentido opuesto, al que se necesitaría para el desarrollo y los cambios a los que seguramente nos tendremos que adaptar debido al cambio climático. ¿Cómo se podría crear conciencia, tanto en la opinión pública, como en los líderes políticos?

“En general es complicado convencer a los políticos de eso”, enfatiza el biólogo, “porque básicamente no saben qué es la ciencia, y yo creo que el trabajo comunicacional que hay que hacer ahí es fuerte, tenemos que darle a conocer a toda la ciudadanía el por qué son importantes estas cosas, porque muchas veces les cuesta verlo”.

“Hay un ejemplo muy lindo, la imagen del agujero negro. Uno podría preguntarse ¿para qué diablos sirvió esto?, ¿cuál es el valor de tener esta imagen? más allá de asombrarnos y maravillarnos. Pero el algoritmo que se tuvo que fabricar para poder generar lo que todos vimos, es un algoritmo que permite trabajar con imágenes de cualquier tipo.  Con ello el resultado es que ese mismo algoritmo lo pueden usar, por ejemplo, en tratamientos médicos, con las imágenes de resonancia magnética, así se podrán tomar menos imágenes y obtener un resultado de la misma calidad que antes, lo que implicará que ese examen sea más barato y se realice en menos tiempo”.

“Es importante mostrarles a los políticos lo que se obtiene con todo este trabajo y por otro lado, que nuestro estilo de producción extractivo tiene los días contados, y que es tremendamente necesario empezar a vender ideas y no solamente piedras, frutas y palos”.

 

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